miércoles, 15 de febrero de 2017

LOS "PRESUNTOS" MANGONEOS DE LAS DISCOGRÁFICAS EN LA ELECCIÓN DE ARTISTAS PARA EUROVISIÓN

HISTORIA, CON "HISTERIAS" INCLUIDAS, DE UN JURADO PARA ELEGIR EN 1978 UN REPRESENTANTE ESPAÑOL PARA EUROVISIÓN.




En la elección del representante español en el próximo Festival de Eurovisión en Kiev. que recayó en Manel Carrasco,  hubo de todo... corte de mangas, abucheos, gritos de tongo y "fans encolerizados" que incluso quisieron agredir a un componente del jurado. Tanto es así que el follón generado en los estudios del "eurocasting" llegó hasta el Congreso de los Diputados, convirtiéndose en un Asunto de Estado y la amenaza de emprender acciones legales por parte de los representantes de Mirela que denuncian la conexión previa de un componente del jurado con una compañía de discos para "amañar" los resultados.

Los compañías de discos siempre estuvieron en el "ojo del huracán" a la hora de "presionar" a los jurados y para evitar estas presuntas recomendaciones en la elección del representante español en Eurovisión, TVE decidió llamar a los especialistas musicales para que formaran parte del jurado y así eliminar el supuesto "mangoneo" de las compañías discográficas.

En este artículo relato los acontecimientos vividos durante la celebración de la XXIII edición del Festival de Eurovisión en el que el cantante José Velez y la canción Bailemos un Vals representaron a España en Paris el 22 de abril de 1978 que tuvo lugar presentación español."Peripecia" en la que se vio involucrada la representación española, de la que formaba parte junto a varios periodistas musicales desplazados a la ville lumiere para informar sobre el evento.

Un buen día recibo la llamada de José Luis Urribarri, que ejercía en ese momento como Relaciones Publicas de TVE. José Luis me comunica que había sido elegido como uno de los jurados que debían seleccionar el artista y la canción que defendería el honor patrio musical en Paris, ciudad donde se celebraba el festival.

Acepto el nombramiento y en día y hora señalada me presentó en los estudios de Prado del Rey preparado para la audición de un lote de canciones que habían superado el filtro –muy flexible por cierto–, de la preselección. 

No solo se había guardado en secreto el nombre de los que íbamos a formar parte del jurado,  para evitar que las compañías discográficas tuvieran contacto previo con nosotros, sino también sobre el material presentado. Acababa de empezar la nueva era del pop español y la dirección de la televisión pública quiso dar credibilidad a la elección involucrando a los especialistas musicales para eliminar los mangoneos  de las compañías discográficas, que pujaban para que el dedo señalara a su artista como el elegido.

"SIN COMENTARIOS"

Durante tres horas nos sometieron a un auténtico "suplicio", teniendo que digerir en ayunas bastantes temas duros de escuchar. Tras la primera audición de todo el material, el jurado pidió tiempo para tomarse un descanso que fue concedido previa lectura de cartilla por parte de Urribarri al respecto de guardar silencio ya que, según le habían comunicado, la cafetería estaba abarrotada  de representantes de las discográficas que esperaban expectantes la votación final. Una presencia que nos obligo a retirarnos rápidamente a la sala para seguir con la votación.

De nuevo en el tajo, reemprendimos las deliberaciones encaminadas a la elección de los cinco temas que considerásemos más aptos, para posteriormente elegir al representante español en Eurovisión. En el tramo final de la votación se destacaron por encima de los restantes José Vélez con Bailemos un vals –compuesta por  Ramón Arcusa y Manuel de la Calva, el Dúo Dinámico, autores del La, La, La–, y el otro, mi buen amigo Pepe Domingo Castaño con Mi pueblo, canción de propia autoría. Ambos recibieron el mismo número de votos, por lo que hubo que ir a un desempate en el que, tras largo tiempo de deliberaciones, fue elegido el cantante canario por un muy escaso margen de diferencia.

Ya por la noche, en el pub que regentaba Chema Suárez, hermano de Adolfo Suárez, me encuentro con Pepe Domingo al que noto cariacontecido por la votación final del jurado. Trato de explicarle lo competida que había sido la elección e incluso algún motivo alegado por miembros del jurado, como que la canción de Mi pueblo sonaba a himno de la UCD. ¡Si quieres arroz Catalina!... Fue peor el remedio que la enfermedad.





París bien vale... una amenaza de bomba

Gabriel González, del departamento de promoción de la compañía de discos Columbia, a la que pertenecía José Vélez, me hace llegar una invitación para viajar a París y presenciar el Festival de Eurovisión, que tendría lugar el 22 de abril en el Palais des Congrès. La expedición española, compuesta aproximadamente por quince personas entre periodistas musicales y directivos de TVE, entre los que figuraba Ricardo Suárez, hermano del presidente, se alojó en el hotel Concorde La Fayette Meridienne, integrado al Palais des Congrès, con el que se comunicaba con unas galerías llenas de tiendas de moda de renombre.



Tras dejar el equipaje en el hotel, parte del grupo fuimos a visitar los estudios de la RTL (Radio Televisión Luxemburgo) en París, una emisora que recogió en lo musical la herencia de Radio Carolina, la legendaria emisora pirata que me había abastecido de música  transistorizada a principios de los años 60. No pude por menos que sentir una añeja nostalgia al entrar en unos formidables estudios con un despliegue técnico desconocido por mí hasta aquel momento.  De allí, al recinto, para asistir a los ensayos de los 20 participantes entre los que, además de José Vélez, se encontraban las españolas Maite Mateos y Maria Mendiola, el dúo Baccará, que representaban a Luxemburgo con el tema Parlez-vous française.






Al acabar los ensayos, y tras hacer la consiguiente porra en la que el cantante canario figuraba entre los favoritos, los expedicionarios disfrutamos de  tiempo libre hasta dos horas antes del festival, momento en el que debíamos reunirnos en el hall del hotel para dirigirnos al Palais de Congrés. Como las habitaciones ocupadas por la representación española estaban en la misma planta, al llegar a la ocupada por José Vélez, que estaba abierta, lo íbamos saludando para desearle suerte. En un momento dado, y con cinco personas en su interior que lucia un espléndido centro de frutas, obsequio de la organización, suena el teléfono y Manolo Sánchez, manager de Vélez, atiende la llamada indicándonos con gestos que bajáramos el tono de voz mientras la seriedad se apoderaba de su cara. Al colgar, Manolo se dirige a quienes estábamos en la habitación para anunciarnos que se había recibido una amenaza de bomba.

Instintivamente las miradas se dirigieron hacia un aparador lleno de cestas de fruta y flores, gentileza de la dirección del hotel, mientras que un "¡que no cunda el pánico!" se escuchó en la habitación, con entonación que quería ser  jocosa pero que en realidad denotaba la intranquilidad generada por la noticia. Desalojamos la habitación de José Vélez de manera apresurada, aunque sin espantada. Quién más quien menos dirigiendo la mirada al centro de frutas, lugar idóneo para ocultar la bomba. La bronceada tez de Vélez se tornó rosa pálido, que hacía juego con su flamante traje blanco, y guardo la exhibición dental de su sonrisa eterna tras la seriedad que imponía la situación.

Al poco tiempo, una nube de gendarmes hizo su aparición en el pasillo, conminándonos a que abandonáramos toda la planta al tiempo que llegaban los artificieros. Fuimos a parar al bar del hotel donde las cábalas sobre la autoría apuntaban a ETA o el GRAPO, aunque al final fuentes bien informadas señalaron como responsables del amenazante aviso a una facción separatista  canaria, aprovechando la visita de su paisano. Controlada la situación tras revisar todas las habitaciones ocupadas por la representación española, la policía permitió el acceso a las mismas, aunque fueron pocos, creo que ninguno, los que subieron a ellas, optando por unos tranquilizantes en el pub del hotel antes de dirigirnos al recinto donde se celebraba el festival.


A pesar de los nervios innatos de toda actuación y los adquiridos en los momentos previos a la misma a causa de la amenaza de bomba, Vélez defendió con soltura la canción consiguiendo 65 puntos que lo colocaron en el noveno lugar, mientras que las Baccará quedaban en el séptimo puesto. Azhar Cohen and Alphabeta, con A-Ba-Ni-Bi, lograba 157 puntos, y se proclamaba ganadora, siendo por primera vez en la historia que ganaba Eurovisión, Israel, un país no europeo. Hoy, Bailemos un vals se ha convertido en un clásico del repertorio de las orquestas en las verbenas.