sábado, 19 de diciembre de 2015

PUCHO BOEDO: UN “CROONER” EN EL FIN 

DEL MUNDO”

Así lo denominó acertadamente Xurxo Souto, uno de los muchos incondicionales de Pucho Boedo, director y guionista de  un documental  del mismo nombre que repasa la ajetreada vida de este cantante, uno de los grandes mitos de la canción gallega, que supo tocar, con su voz “agarimosa”, profunda, teñida de sentimiento, la fibra emocional de muchos miles de personas que lo recuerdan más allá del tiempo y la distancia.

Estas que a continuación se pueden leer, son algunas secuencias en las que él y  yo, caminamos por los senderos de la amistad

¡CÁNTALA OTRA VEZ PUCHO…!

NOCHES DE “CASABLANCA”


Conocí a Pucho una noche de “cabaret” madrileña de 1961.Aunque  plenamente integrado en el ambiente de la gran ciudad, uno andaba con la morriña a cuestas, y a poco que la oportunidad lo permitiera, ejercía de gallego con visitas al Centro Gallego de la calle Carretas y a bares donde el producto (vino turbio do Ribeiro incluido) llevará la denominación de origen de la tierra. Nunca canté más gallegadas que durante mi época de estudiante en Madrid.

Recuerdo que me había comprado en Discos Algueró un E.P. del quinteto gallego Los Españoles que llevaba por título Baile el twist con Los Españoles  y  que incluía las canciones Bailando twist, Chiquitina, Que tengas suerte y Todo el amor del mundo. Cada vez que iba de guateque lo llevaba conmigo y, cuando veía anunciada su actuación en alguna sala de fiestas madrileña,  sufría un bajón anímico por no poder ir a verlos. Mi economía estudiantil me tenía prohibido alternar en esos circuitos sólo para adultos. 
Un día, leo en el tablero de anuncios de la Sala de Fiestas Casablanca la actuación de otro grupo gallego, Los Tamara. Eran,  junto a Los Españoles, uno de los combos de más prestigio de las noches madrileñas. ¡Pena de no poder verlos!  El precio de la entrada era lo suficientemente elocuente para alejar de mi cualquier tentación. No obstante, me quedé con la copla por sí  surgía alguna oportunidad para ver y oír a mis paisanos que, sin conocerlos personalmente, me traían recuerdos de mi tierra trasladándome mentalmente a la Sala de Fiestas del Seijal o alguna verbena donde habían tocado.
La oportunidad llegó cuando recibí en la residencia la llamada de un familiar que estaba de paso en Madrid y  me invitaba a cenar con él. Mientras ponía al día el hambre atrasada en el Schotis – restaurante de la Cava Baja donde trabajaba de camarero el hoy famoso Lucio --, dejo caer el anuncio de la actuación de  Los Tamara en la Sala de Fiestas Casablanca para introducirla en el recorrido de la noche madrileña, como así fue. Iríamos a Casablanca pero antes pararíamos en la Gran Vía para que nos hicieran un agasajo postinero en  Chicote, parada y fonda de la intelectualidad y de las chicas guapas. Allí nos tomamos un café y unas copas para seguir camino al Casablanca.

Era la primera vez que entraba en una sala de fiestas en Madrid y el ambiente era nuevo para mí. El local estaba abarrotado y sólo con propina logramos una mesa en las proximidades de la pista, que estaba repleta de parejas bailando al son de una orquesta. Había unas mujeres despampanantes que iban de un lado para otro saludando a los clientes masculinos y esperaba que se acercaran a nuestra mesa para poder invitarlas a bailar.

 Al cabo de poco tiempo de estar instalados en la mesa, el grupo que está sobre el escenario toca el tema  Té para dos (con el tiempo y nuevas visitas a salas de fiestas llegaría a la conclusión de que este  tema  era la consigna para el cambio de orquestas) mientras la plataforma empieza a girar hasta que en su lugar aparecen, también interpretando la misma canción, Los Tamara con Pucho Boedo y otro cantante, creo que recordar que filipino, que se encargaba del repertorio moderno. 




La pista, vacía durante  el cambio de orquestas, vuelve a llenarse con las canciones de Los Tamara y yo, en vista de que ninguna chica se acercaba a nuestra mesa, me dirijo hacía la barra e invito a una a bailar. Me mira de arriba a abajo y después de la inspección me despide con un “eres muy joven para estar aquí…”

Regreso a la mesa y sigo de cerca, pero sentado, las evoluciones de un Pucho Boedo que, mientras canta, no deja de saludar a la gente y de dedicar canciones a sus paisanos de La Coruña, Orense, Vigo, Ferrol, Lugo... Una de ellas cae en nuestra mesa y me hace sentir importante. Parecía que media Galicia estaba dentro del Casablanca.

Nuevo cambio de orquesta y con él Pucho Boedo abandona el escenario y se da una vuelta por la sala saludando a sus amistades. Cuando llega a nuestra mesa me lo presentan y me quedo henchido de satisfacción. Sigue su recorrido mientras mi familiar toca retirada. Visto y oído el primer pase de Los Tamara era hora de marchar, pero, yo lo estaba pasando francamente bien, aunque fuera de mirón, y hago saber mi intención de prolongar mi estancia un poco más. Y allí me quedó, después de que mi familiar me arrimara, por encargo paterno, un poco de dinero para llegar hasta fin de mes.

 El sorbito de champán...

Al quedarme solo en la mesa, recibo de inmediato la visita del camarero que, muy profesional, recoge los vasos vacíos y me pregunta  que voy a tomar. Me lo pienso y, con dinero fresco en el bolsillo, me lanzo a pedir un whisky... El camarero, a la vista de mi juventud, se siente obligado a decirme el precio de la consumición, que me pone colorado pero, con aires externos de suficiencia, aguanto el impacto e insisto... ¡whisky por favor!

Mientras espero ser servido inspecciono el local recorriendo con mi mirada el plantel de chicas cañón que allí hay y observo cómo una de ellas, que está sentada en una mesa vecina, me aguanta la mirada. Llega el camarero, me sirve la consumición y me da la nota para que pague de inmediato.

Así lo hago y cuando se retira me encuentro con la chica de la mirada a mi lado pidiéndome fuego. Se lo doy y le ofrezco una silla, al tiempo que recurro a los tópicos de presentación preguntando por su nombre. Me lo dice, le digo el mío, y en la creencia de que es un diminutivo, me da el suyo para darme confianza en el trato.

Pues eso… Empezamos a hablar y, en plena conversación, levanta un brazo llamando la atención del camarero que se acerca a la mesa solícito. “¿Qué va a ser?”, pregunta y sin darme tiempo a nada, la chica responde “¡ champán!”.  El camarero busca con la mirada mi aprobación, se la doy y, a los pocos minutos, tengo sobre la mesa una botella de champán,  y otra chica más sentada a mi lado, que se incorpora a la mesa para acabar cuanto antes con la botella.

Los Tamara regresan al escenario y me lanzo con una de ellas a demostrar mis habilidades como bailarín –adquiridas a golpe de espejo en la residencia– durante la interpretación de unos twist. Llega la tanda de las lentas, Pucho Boedo coge el micrófono y yo me arrimo a mi pareja. En esas estoy cuando Pucho dedica una canción a un amigo de La Coruña, al tiempo que mira para mí. Me sale el orgullo y redoblo mi ansia exhibicionista sobre la pista.

Sudorosos, hacemos un alto y nos dirigimos hacia la mesa para reponer fuerzas y tomar una copa de champán. Me encuentro que con que la botella estaba vacía porque la otra chica ha dado buena cuenta de ella. Ahora soy yo el que levanta la mano para llamar al camarero y, en vista de que la noche se presenta propicia para el ligue, pido otra botella más. El camarero la sirve sin darme precio e invito a bailar a la otra chica.

De regreso a la mesa  me encuentro con la segunda botella vacía y, ante las insinuaciones recibidas por mis acompañantes de una noche loca, entro al trapo y pido una tercera botella. Baile viene, agarrón va, la tercera botella que vuela y Los Tamara que dan por acabado otro pase ante los aplausos del público. Regreso a la mesa con mi pareja y después de negarme a pedir otra botella de champán, mis acompañantes se van al servicio para, según ellas, retocarse el maquillaje... Tan pronto se levantan de la mesa llega el camarero a las proximidades con la intención de cobrar la factura de las tres botellas de champán...

Pasan quince minutos y las chicas no vuelven. Las busco con la mirada y a quién encuentro es al camarero que, con los brazos cruzados está a mi espalda a la espera de que haga efectivo el importe de las consumiciones. Lo llamo y le pregunto por el paradero de mis acompañantes... Lo que oigo me deja  tocado de ala... “¿Se refiere usted a las señoritas que estaban en la mesa?”, responde con respetuoso cachondeo el camarero... “¡Ya hace un buen rato que se marcharon!”.

Pone la nota de las consumiciones encima de la mesa y hace la estatua sometiéndome a un control riguroso mientras trato de digerir,  a golpe de auto reproches, el plantón.Mi amor propio queda hecho trizas ante la evidencia y, asumiendo el papel de pardillo que me corresponde,  hago un repaso mental de mis finanzas al tiempo que ojeo la nota, cuya cuantía es tres veces superior al dinero que tengo. El camarero, avezado en estas lides, debe de percatarse de mis ruinas y  mantiene una actitud vigilante. ¡No se separa de mí! Me levanto, voy al servicio y él viene conmigo hasta la puerta... La verdad es que lo tengo muy negro. Vuelvo a la mesa escoltado, me siento y espero... No sé el qué, pero espero.  El espectáculo acaba, la gente empieza a marcharse, se encienden las luces de la sala y se acerca la hora de la verdad. El camarero recoge las mesas de mi entorno y se encara conmigo para que le pague.

Que sea lo que Dios quiera…-Mire usted -le digo con cara compungida- la verdad es que no tengo dinero. Si le parece le dejo el carné de identidad en prenda y mañana vengo a pagar...El camarero llama al maitre y lo pone en antecedentes. Mientras, yo espero acontecimientos con el cuerpo bañado en sudor y las piernas temblando  En éstas estoy cuando aparecen por el lateral del escenario Prudencio Romo, Enrique Paisal y Pucho Boedo. Pucho se para a mi altura y me pregunta  “Neno,  ti que fas aínda eiquí?”. Con aspecto desolado  le cuento mi problema. Al terminar, Pucho se apiada de mí y llamando al maitre, le dice que apunte mis consumiciones a su cuenta. Dicho esto, me obsequia con un cariñoso “rapapolvos” --¿Pero a ti neno, como se te ocurre facer iso? --  por mi inocente conducta que me llevó a meterme en tal berenjenal con mis años.y me invita a que los acompañe a tomar pollo frito a un mesón de la carretera de Alcobendas de donde regresamos cuando amanecía.

Aquella muestra de amistad, por el mero hecho de ser paisano, me quedó grabada para siempre e hizo que interiormente le jurara eterno agradecimiento.  Pasó el tiempo y, por esas cosas de la vida, nuestros caminos volvieron a cruzarse. Ya como profesional de la radio y prensa musical  tuve la oportunidad de corresponder aquel gran favor que me había hecho...

MIÑA GALICIA VERDE


Pasaron los años y cada vez que coincidía con Los Tamara en alguna sala de fiestas o verbena, no dejaba de saludarlos, hasta que nuestros caminos  se encontraron en el plano musical, lo que sucedió cuando su compañía de discos contacta conmigo para presentar en directo en el Playa Club, el disco de Los Tamara “Miña Galicia Verde” –con poemas musicados de  Rosalía de Castro, Curros Enríquez y Celso Emilio Ferreiro.,en 1974..Me vuelco en esta presentación, a la que acude desde Madrid Pepe Domingo Castaño, arrimando a mi respeto y admiración por Los Tamara, el recuerdo de aquella deuda que tenía pendiente con Pucho. La presentación fue todo un éxito .
Año y medio más tarde, aproximadamente, Pepe Domingo Castaño rinde homenaje a Los Tamara durante las fiestas de Santiaguiño do Monte en Padró y dada la amistad que me unía con ellos, me toco hacerle entrega del obsequio recordatorio correspondiente  a Pucho. Fue esa noche cuando empezó a sentirse mal…En 1976 Paco Montero lo sustituye y meses más tarde el grupo se disuelve aunque “revive” un tiempo después con el mismo nombre, pero sin sus componentes originales.


EMPIEZAN LOS HOMENAJES:  A CORUÑA

A partir de ahí, pierdo de vista a Pucho, aunque amigos mutuos me hablan de que está en Mallorca actuando, entre las sesión y sesión de diálisis, en un local de Palma propiedad de su gran amigo, el “betanceiro” Amador exjugador del Atlético de Madrid y embajador de Galicia en Mallorca.

La enfermedad de Pucho lo  mermaba ostensiblemente sus capacidades físicas. La posibilidad de transplante se abría como la solución más beneficiosa para su salud. En 1979, recibo en los estudios de la Radio Felíz, la visista de Amador, que me pone en antecedentes de un proyecto de homenaje a Pucho..Me cuenta su delicada situación, y no solo física, derivada de una su enfermedad, que mermaba ostensiblemente sus capacidades..La posibilidad de un transplante se abría como la solución más beneficiosa para su salud.


Así pues, el homenaje que Amador estaba preparando en A Coruña, además de pretender un reconocimiento popular a la larga e intensa carrera de Pucho, iba también encaminado a recaudar fondos para facilitar dicha operación quirúrgica. Sin dudarlo, pongo a disposición de Amador los medios a mi alcance –prensa y radio –para promocionar el homenaje y acepto presentarlo con Carlos Tena de Radio Nacional. Teníamos dudas sobre la afluencia de público, ya que cabía la posibilidad de que hubiera “ caído” en el olvido y alguna que otra “malintencionada” opinión que sobre él, todo hay que decirlo, tenían algunos colegas de profesión, que aún siendo escasos, “enmerdaban” el proyecto. Curiosamente, alguno de ellos, tras el éxito del homenaje , se proclamaba amigo de Pucho de “toda la vida”. Cosas…

Poco a poco vamos conociendo los artistas que confirman su participación desinteresada en el homenaje, gracias a una eficaz labor en Madrid de Fernando Moreno el marido de Betty Missiego, amigo de Pucho y Amador.Los nombres de Juan Pardo, Rocio Durcal, Betty Missiego, Los Tamara y Los Satélites, entre otros, disipan las dudas sobre la afluencia de público, que al final llenó el Palacio de Deportes. Desde toda Galicia y proximidades llegaron miles de personas y los admiradores de Pucho Boedo hicieron cola para conseguir entradas para el homenaje al cantante.

 Tanto es así que horas antes del concierto, rebasaban las más optimistas expectativas y hubo que habilitar la grada posterior al escenario para que cientos  de personas que se habian quedado sin entrada pudieran participar en el homenaje. En las afueras del Palacio de Deportes pude comprobar como un matrimonio de Villafranca pagaba en el “reventa” 10.000 pts, por dos entradas que en taquilla costaban 4.000.

El festival, celebrado el 5 de febrero, fue apoteósico, histórico diría yo, y todo un reconstituyente moral para Pucho:”Nunca penséis que tivera tantos amigos”, exclamaba Pucho emocionado ante las muestras de cariño de la gente al salir al escenario con Los Tamara.  

RUMBO A LONDRES: LA APOTEÓSIS


Meses después, recibo la visita de un coruñés que era presidente de una Sociedad Gallega en Londres y me explica su idea de repetir el homenaje a Pucho Boedo en esta ciudad a la vez que solicitaba mi colaboración como presentador. Me ofrecí para tal menester y con la misma se formó una embajada artística de que se uniría al homenaje de la colectividad gallega en Londres. Allí nos fuimos, Pedro Abelenda – que hizo de guía por la city londinense--Carlos O’Xestal y Suso Vaamonde, entre otros, mientras Amador y Pucho volarían desde Mallorca.

Al llegar a Londres y bajar del avión nos encontramos con la noticia de que se habían agotado las entradas y que se estaban recibiendo peticiones de toda Gran Bretaña .Miles de gallegos pagaban lo que “fuera necesario”—alguno hasta 20.000 pts.— para estar en el Odeón Hamermiths de Londres junto a Pucho. Cuando me reúno con la organización para conocer el orden de actuación previsto, me encuentro con una auténtica “batalla campal”. Sin contar los artistas desplazados desde Galicia , músicos y cantantes gallegos que actuaban en diferentes salas de Londres se habían apuntado en masa para participar en el homenaje. Haciendo un cálculo estimado, de actuar todos, se superarían con creces , las cinco horas previstas para el homenaje.


Ante el cariz que iban tomando los acontecimientos hice la de la “avestruz” y me abrí por el foro. LLegó el día y “embarque”, por lo que pudiera pasar,  al recordado Pedro Abelenda para que, entre canción y canción, metiera un chiste de “Amilito” y me arropara con su habilidad de “showman”.


Nos fuimos para el teatro y nos encontramos con miles de personas ante el mismo ¿Aún no habrán abierto las puertas?--nos preguntamos—Si que estaban abiertas y el teatro, una hora antes de dar comienzo el acto, ya estaba prácticamente lleno. Comparto camerino con Pucho, que estaba acompañado de Amador, y comentamos el cariño que le tenia la gente mientras afuera se estaba empezando a montar la “marimorena” por parte de quiénes ,aún   ofreciéndose, no podían actuar por falta material de tiempo. La presión ambiental incrementaba el nerviosismo previo al levantamiento del telón.


Abriéndonos paso, como podíamos, entre los “ desairados “ artistas que nos culpaban de su eliminación—el organizador estaba en paradero desconocido—subimos Pedro y yo al escenario y lo que vimos nos puso la carne de gallina de la emoción. No cabia un alfiler en la sala .Saludamos y la gente ni caso...”!Que salga Pucho,que salga Pucho...¡.No tuvimos más remedio que avisar a Pucho para que saliera a saludar y de paso, calmar el ambiente. No se que sería mejor .Cuando apareció Pucho el teatro se vino abajo y gritos de, ¡Te queremos!, ¡Pucho non morras!, ¡Eres o mellor¡ etc. se prolongaron durante varios minutos. Pucho, emocionado, logró articular unas frases de agradecimiento y se despidió hasta el momento de su actuación.

Empezó la fiesta y todos los cantantes, músicos y bailarines que actuaban eran recibidos con estruendosas ovaciones .Aparentemente todo iba sobre ruedas, pero, solo aparentemente. El “back stage” y los camerinos seguían alborotados. Las escaleras de acceso al escenario abarrotadas de participantes empujándose para salir. Anunciaba un grupo de baile y salía un dúo de boleros…, presentaba un solista y salía una orquesta. Ni Pedro, ni yo, dábamos una en el clavo. Tanto es así que después de intentar contar un chiste de “Amilito”—contar lo contó pero nadie se enteró—Pedro me dice que se va a dar una vuelta para ver desde abajo el ambiente. Volvió a las tres horas.


Totalmente desbordado intento localizar a O’Xestal para que me echara una mano. Aquello iba saliendo a empujones y, de un momento a otro parecía reventar. El orden de actuaciones establecido no existia y cuando iba al camerino de Pucho para contarle “ a desfeita “ me decía socarronamente:…”!Neno,tí tira pra diante¡”... Y así lo hice solo que cambie de estrategia. Nada de presentar dando nombres:”A continuación...” y me callaba para ver lo “que salia”. Si la atracción estaba controlada añadia el nombre y tres frases, defendiendo el micrófono a codazos porque todos querían largar  parrafadas y no había tiempo para ello. Si no estaban “apuntados” ,les pedía que se presentaran ellos mismos.


"DESFEITA" TRIUNFAL...

Cuando llevábamos siete horas ,los encargados del teatro mandaron un aviso de que había que ir terminando el acto puesto que la hora establecida para finalizar erán las 10  de la noche. Y Pucho sin salir…Voy a comunicárselo y lo encuentro con las manos en la cabeza y a su lado Amador intentando poner orden en un grupo de seis personas.¿Que pasa Pucho ?...¡ Que vai pasar...agora todos queren acompañarme e se estan pelexando por as partituras!... Afuera, los gritos solicitando la presencia de Pucho, atronaban en el teatro.Solución “salomónica”…:dos canciones unos y otras dos otros .


Sale Pucho , la gente se arremolina a pie de escenario para estarmás cerca…,canción viene,discurso va,obsequios múltiples,…otra canción...¡ Increíble el cariño que la gente siente por Pucho ! .Son casi las doce de la noche y quedaban  aproximadamente cuatro actuaciones pendientes pero, cuando se coreaba el nombre de “Puchiño” para que regresara ...llegó el “acomodador y mandó parar”. Con puntualidad británica ,a las 12 de la noche, cortan la luz sin más. De nada valieron los ruegos de que, al menos, dejaran despedirnos del público. Con lasluces de emergencia Pucho sale al escenario para decir adiós . La gente se desborda y todo el mundo quiere llegar hasta él. A duras penas, nos abrimos paso hasta los camerinos y dejamos que la gente fuera desalojando el teatro. Horas después Pucho, Amador y yo compartíamos en un semi-sótano de una casa en las afueras de  Londres el  desayuno con varios trabajadores gallegos que, empezaban su jornada laboral, mientras hacíamos balance de las 9 horas que había durado el homenaje,

                   


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